Aunque el viaje sigue en duda por la salud del Pontífice, la organización continúa recibiendo aportes para financiar su visita, incluso si debe reprogramarse.

La Iglesia Católica argentina mantiene los preparativos para recibir al papa León XIV, avanza con los acuerdos, las contrataciones y la organización de los actos multitudinarios, y continúa reuniendo fondos para financiar su visita al país. Hasta esta semana consiguió aportes empresarios y donaciones de los fieles equivalentes a unos USD 3,5 millones, una cifra que representa una parte sustancial del presupuesto previsto. Los trabajos siguen adelante pese a la internación del Pontífice en Roma, donde fue operado por un cáncer de pulmón, y a la posibilidad de que deba reprogramarse la gira sudamericana anunciada para noviembre.
Según pudo saber de fuentes eclesiásticas con conocimiento directo de la organización, los aportes empresarios alcanzaron USD 3 millones, mientras que las colectas realizadas en las parroquias y las contribuciones digitales de los fieles permitieron reunir otros $ 740 millones. Los responsables estiman que esos recursos representan aproximadamente el 60 % del costo previsto para la visita. La organización también cuenta con compromisos del Gobierno nacional, las provincias y los municipios para atender la seguridad, los traslados, la infraestructura y los servicios necesarios para recibir al Papa y a las miles de personas que participarán de las celebraciones.
La decisión de la Iglesia es mantener los preparativos y preservar el destino de los recursos reunidos, independientemente de las fechas en que finalmente se concrete la visita. La operación a la que fue sometido León XIV el martes 13 de octubre en el Policlínico Gemelli, donde le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho para tratar un adenocarcinoma, abrió interrogantes sobre su capacidad para cumplir con el itinerario programado del 8 al 11 de noviembre. Sin embargo, los organizadores trabajan con la perspectiva de que el Pontífice viajará a la Argentina cuando su recuperación y las indicaciones médicas lo permitan.
Esa posición coincide con la expresada por el arzobispo de San Juan de Cuyo, Jorge Lozano, el último argentino que mantuvo una audiencia privada con León XIV antes de la operación. “Si hay que reprogramar, se reprogramará”, sostuvo. Y agregó: “Realmente, nosotros lo que queremos es privilegiar la salud del Papa”. Mientras el Vaticano sigue la evolución clínica del Pontífice, la Conferencia Episcopal Argentina continúa desarrollando una estructura de financiamiento y organización que involucra a grandes empresas, donantes particulares, miles de voluntarios y distintos niveles del Estado.
El financiamiento tiene tres componentes principales: los recursos aportados por el sector empresario, las contribuciones de los fieles y los gastos que asumirán directamente el Estado nacional y los gobiernos provinciales y municipales. La combinación de esas fuentes permitió avanzar con una organización que comprende celebraciones multitudinarias, traslados, infraestructura, servicios y la movilización de miles de voluntarios.
Los aportes empresarios y de los fieles ya cubren cerca del 60 % del costo previsto
El aporte privado ocupa un lugar central. La Iglesia recibió contribuciones de compañías y empresarios que ofrecieron dinero, bienes o prestaciones concretas. Algunas firmas se comprometieron a cubrir necesidades específicas, como alojamiento, provisión de agua, alimentos y servicios. También hubo empresarios que realizaron donaciones a título personal y pidieron mantener su identidad en reserva, una condición aceptada por los responsables de reunir los recursos.
La nómina de empresas e instituciones que colaboran con la visita incluye a Santander, Edenor, Edemsa, Mercedes-Benz, Grupo Techint, Toyota, Mercado McCann, Hoopla, Dolmen Buenos Aires Hotel, Toyota Kansai, Universidad Católica de La Plata, Dökita y Establecimiento Metalúrgico GCD. La participación de esas firmas comprende distintas modalidades de colaboración, desde contribuciones monetarias hasta donativos en servicios y bienes. La información disponible permite identificar a los colaboradores, aunque sin precisar el monto individual aportado por cada uno.
La Iglesia Católica argentina expresó un especial agradecimiento al sector empresario por su disposición a financiar las actividades del Papa y al Gobierno nacional por el apoyo económico, institucional y logístico comprometido para la visita. Los responsables de la organización destacan que las contribuciones permiten afrontar gastos que requieren recursos y coordinación entre instituciones públicas, compañías privadas y comunidades religiosas.
Como reconocimiento, está previsto que los empresarios que realizaron aportes mantengan un breve encuentro privado con León XIV durante su visita. El Pontífice les agradecerá personalmente su colaboración. Se trata de una práctica habitual en la organización de viajes papales, destinada a reconocer la ayuda de quienes contribuyen a hacer posibles las actividades. La audiencia quedará sujeta a la agenda definitiva y a las fechas que establezca el Vaticano.
La segunda fuente de recursos proviene directamente de los fieles. Una colecta imperada, realizada el 22 y el 23 de agosto en parroquias e instituciones religiosas de todo el país, permitió reunir alrededor de $ 700 millones. La convocatoria buscó que cada comunidad pudiera realizar una contribución de acuerdo con sus posibilidades y participar de los preparativos para recibir al sucesor de Pedro.
A ese monto se sumaron unos $ 40 millones obtenidos mediante las donaciones digitales habilitadas en Programa Fe, que incorporó un mecanismo específico para colaborar con la visita. La recaudación total alcanzó así los $ 740 millones. En la organización consideran que la respuesta fue buena, aunque reconocen que podría haber sido mayor. Como referencia mencionan la colecta Más por Menos, que reunió aproximadamente $ 1.000 millones, aunque tiene una finalidad diferente.
Los fondos reunidos por la Iglesia serán destinados a las necesidades de los actos y a las prestaciones que no fueron asumidas directamente por organismos públicos. Esta división explica una característica de la arquitectura financiera: existe una recaudación eclesiástica identificada, pero el costo total de la visita incluye otras erogaciones que serán afrontadas por diferentes niveles del Estado.
Por esa razón, todavía no hay una cifra definitiva del presupuesto general. La estimación de que los aportes reunidos representan cerca del 60 % del costo total surge de quienes conocen los compromisos económicos asumidos y las necesidades pendientes. También existen contribuciones en especie y servicios que deben diferenciarse de los ingresos efectivos de dinero.
Está previsto que, una vez concluida la visita, se realice una auditoría externa sobre la administración de los fondos recibidos por la Iglesia. Ese control abarcará la utilización de los recursos aportados para financiar los preparativos y las celebraciones, mientras que los gastos ejecutados por organismos estatales corresponden a sus respectivos circuitos administrativos.
El Gobierno asumirá gastos de seguridad, traslados y logística
Al frente de la estructura eclesiástica está el arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), quien encabeza la Comisión Nacional encargada de establecer los criterios generales de la visita. El obispo auxiliar de San Isidro y secretario general del Episcopado, el obispo Raúl Pizarro, es el coordinador general. Ambos intervienen en las decisiones que combinan los contenidos pastorales, los acuerdos institucionales y las necesidades materiales para recibir a León XIV.
La Comisión Nacional también está integrada por los obispos Jorge García Cuerva, Jorge Eduardo Scheinig y Alejandro Musolino, y por los sacerdotes Matías Taricco y Máximo Jurcinovic. La ejecución cotidiana corresponde a un equipo coordinado por Pizarro, con Taricco como director operativo y el contador Pablo Sabatté como gerente del proyecto. El área de Recursos está a cargo del ingeniero Marcelo Cancelliere.
La estructura contempla equipos específicos de comunicación, logística e infraestructura, voluntarios, contenidos, eventos y liturgia. En Buenos Aires, Córdoba y Luján se organizaron instancias locales de coordinación para articular los requerimientos de cada celebración con la conducción nacional y las autoridades civiles. El objetivo es garantizar encuentros multitudinarios y facilitar la participación de personas procedentes de distintas regiones del país.
La relación con el Gobierno comenzó en febrero, en pleno Miércoles de Ceniza. En esa primera etapa hubo conversaciones con el canciller Pablo Quirno y con Agustín Caulo, del área de Culto. Después de confirmarse la visita, la coordinación se amplió e incorporó a la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, distintas áreas del Gabinete y las administraciones de los distritos involucrados. Desde la Iglesia consideran que esa intervención permitió dar mayor impulso a los preparativos.
La participación oficial se extendió a diferentes ministerios y organismos nacionales, junto con los gobiernos de la Ciudad de Buenos Aires, las provincias de Buenos Aires y Córdoba y municipios como Luján y Córdoba capital. La dimensión del operativo exige coordinar seguridad, circulación, infraestructura y servicios públicos, además de resolver los desplazamientos del Pontífice y su comitiva.
De acuerdo con la información a la que accedió Infobae, el Gobierno nacional asumió una parte importante de las responsabilidades vinculadas con la seguridad, los traslados y la logística. Las administraciones provinciales y municipales también comprometieron recursos para vallados, asistencia al personal afectado y acondicionamiento de los espacios destinados a las celebraciones. El esquema distribuye tareas y gastos entre los organismos participantes.
Uno de los compromisos centrales de la Nación es el transporte aéreo. Según el itinerario preparado, Aerolíneas Argentinas buscará a León XIV en Montevideo y lo trasladará al Aeroparque metropolitano. También tendrá a su cargo los vuelos Buenos Aires-Córdoba, Córdoba-Buenos Aires y Ezeiza-Lima, donde continuará la gira sudamericana. Esos servicios correrán por cuenta del Gobierno nacional, siempre sujetos a la confirmación de las fechas y el recorrido que finalmente confirme el Vaticano.
La organización contempla además el alojamiento y los desplazamientos del Papa y de las aproximadamente 60 personas que integrarán su comitiva, entre obispos, clérigos y personal de seguridad del Vaticano. A esos requerimientos se suman los dispositivos necesarios para las celebraciones. Los baños químicos, por ejemplo, serán provistos por el Gobierno nacional y las provincias, junto con otros servicios destinados a los espacios públicos.
La organización prevé 25.000 voluntarios y más de 7.500 copones para las misas
Una de las mayores exigencias económicas y logísticas es la movilización de 25.000 voluntarios inscriptos para colaborar en los actos. La organización deberá resolver sus acreditaciones, funciones, desplazamientos y asistencia. Cada voluntario recibirá una remera, una gorra y un equipo que incluirá pilotín, termo para agua y paraguas, elementos preparados para jornadas extensas y actividades al aire libre.
También se prevé garantizar alimentación y alojamiento a quienes deban trasladarse desde sus localidades. La planificación incluye habitaciones de hoteles y espacios disponibles en regimientos. En paralelo comenzaron los trámites de verificación de antecedentes penales, para los cuales el Gobierno habilitó la gratuidad, con el objetivo de facilitar la incorporación de las personas registradas.
El programa litúrgico contempla la adquisición de estolas, hostias y más de 7.500 copones comprados especialmente para distribuir la comunión durante las misas multitudinarias. Esos elementos deberán trasladarse a cada celebración y quedar disponibles para los ministros encargados de asistir a los fieles. Su adquisición constituye otro de los gastos que serán atendidos con los recursos reunidos.
También está prevista la instalación de un centro de prensa en la Universidad Católica Argentina (UCA), destinado a facilitar la cobertura periodística de las actividades. La organización deberá garantizar conectividad en Buenos Aires, Córdoba y Luján, mantener los sistemas digitales de inscripción y acreditación, producir materiales informativos y cubrir tareas vinculadas con la difusión y el merchandising.
En ese capítulo aparece Mercado McCann, la agencia publicitaria que fue seleccionada después de competir con otras empresas y decidió donar su trabajo. La firma participó en el desarrollo del logotipo y del lema oficial junto con Colombo y Pizarro, que intervinieron desde el Episcopado en la definición de los mensajes. Su colaboración permitió cubrir tareas profesionales de comunicación sin recurrir a los fondos disponibles para otros gastos.
La identidad de la convocatoria también fue objeto de conversaciones con Roma. La primera formulación del lema era “Bienvenidos todos”, vinculada con el llamado a la acogida que había caracterizado al papa Francisco. Desde el Vaticano sugirieron ampliar ese mensaje y la organización argentina propuso agregar “Vayan y anuncien”, una referencia al mandato evangelizador.
La expresión definitiva, “Bienvenidos todos. Vayan y anuncien”, reúne la invitación a participar con el compromiso de anunciar el Evangelio. El agregado remite al mandato de Jesús a sus discípulos y a la noción de discípulos misioneros desarrollada en el Documento de Aparecida, de 2007. Según la reconstrucción de los organizadores, el cambio surgió de un intercambio con el Vaticano y no de una confrontación institucional.
La convocatoria incorpora también referencias bíblicas al banquete al que todos son invitados y a la idea de una Iglesia que recibe y sale al encuentro, próxima a la imagen de “hospital de campaña” utilizada por Francisco. El logotipo muestra figuras humanas reunidas alrededor de una cruz. Los responsables de la comunicación relacionan esos símbolos con la invitación a construir una comunidad abierta, expresada también en el punto 16 de Magnifica Humanitas, la primera encíclica de León XIV.
Según pudo reconstruir Infobae, la Iglesia concibe la organización en tres etapas: el antes, el durante y el después de la visita. Preparar la llegada, facilitar la participación en las celebraciones y procurar que quede una continuidad pastoral una vez que el Pontífice regrese a Roma. Esa perspectiva explica que los compromisos financieros y operativos se mantengan mientras el Vaticano evalúa la evolución médica de León XIV.
La prioridad de los organizadores es que los fieles y todos los argentinos, independientemente de su fe, puedan participar de una manifestación de religiosidad popular. Con esa finalidad, la Iglesia agradece los aportes de empresarios, comunidades religiosas y autoridades públicas, y mantiene los preparativos bajo una convicción: la fecha podrá modificarse, pero el objetivo seguirá siendo recibir al sucesor de Pedro y convertir su visita en una celebración abierta a toda la sociedad.
